Inclinación peligrosa

El 9 de agosto del año 1173, inicia la construcción de la Torre de Pisa, en Italia. Es un monumento mundialmente conocido y visitado por millones de turistas cada año.

Pero es interesante saber que esta torre no se diseñó para estar inclinada; sino, que el suelo sobre el cual se construyó resultó no ser tan firme como se esperaba. Debido al peso de la estructura, el suelo cedió provocando la famosa inclinación.

De modo similar, si nuestro corazón no está fundamentado sobre un suelo firme, empezará a inclinarse poco a poco, corriendo el peligro de derrumbarse por completo. Basta con apoyarlo sobre un deseo pecaminoso, un mal pensamiento, una raíz de amargura, y la pesada carga de un pasado ya inútil, para dejar que se hunda.

Una vida torcida puede ser atractiva para un mundo que gira en sentido contrario a la voluntad de su Creador; pero no para Él. Donde todo parece estar mal, lo que está mal parece estar bien. Pero la herramienta divina que sí que puede nivelar nuestra vida es la Palabra de Dios, y el estándar es Jesucristo.

Por eso, aunque no podemos llevar el corazón a los ingenieros que evitaron la caída de la torre, sí podemos llevarlo ante Dios para que lo haga recto ante sus ojos. Digamos junto al rey David en el Salmo 141:4 “No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites.”

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