Dios diseñó el cerebro humano con una gran capacidad de almacenamiento. No existe computadora que pueda comparársele, por más moderna que sea. Desde niños, vamos grabando recuerdos, experiencias, lo que nos enseñan en la escuela y lo que aprendemos en la casa. Y a pesar de tanta información, todavía queda mucho espacio; nunca logramos llenar la corteza cerebral por completo.
Sin embargo, hay cosas que deberíamos borrar de nuestra mente; aquellas que nos recuerdan angustias del pasado, que traen nuevos temores al presente, y que dificultan cualquier felicidad futura. No es mentira que debemos conocer la historia para aprender de los errores
, y evitar cometerlos otra vez; pero no es menos cierto que hay archivos que no son imprescindibles, como viejos rencores, complejos añejos, y pecados perdonados que ya Dios olvidó. Por otro lado, si pasamos mucho tiempo re-leyendo el registro de nuestras victorias de antaño, no tendremos ocasión de sumar nuevos triunfos en lo adelante.
Sabemos bien que no debemos afanarnos por el día de mañana, que trae su propio afán (Mateo 6:34); pero aprendamos también a no atormentarnos por el día de ayer, que ya para siempre se fue. Hagamos un ejercicio de "amnesia selectiva". Escojamos hoy cuáles cosas se irán a la tierra del olvido, y cuáles son las nuevas que vamos a grabar. "No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad". (Isaías 43:18,19)
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